Silencio y llanto de Jesús por las criaturas. Habla acerca de la pureza.

Esta mañana, mi suavísimo Jesús transportándome fuera de mí misma me hacía ver la corrupción en la cual ha caído el género humano. ¡Da horror el pensarlo! Mientras me encontraba en medio de estas gentes, Jesús decía casi llorando: “¡Oh hombre, cómo te has desfigurado, deformado, desnoblecido! ¡Oh hombre, Yo te hice para que fueras mi templo vivo, y tú en cambio te has hecho habitación del demonio! Mira, aun las plantas con estar cubiertas de hojas, de flores y frutos, te enseñan la honestidad, el pudor que tú debes tener de tu cuerpo, y tú habiendo perdido todo pudor y también la vergüenza natural que deberías tener, te has vuelto peor que las bestias, tanto que no tengo más a quien compararte. Tú eras mi imagen, pero ahora no te reconoces más; es más, me das tanto horror por tus impurezas, que me da náuseas el verte, y tú mismo me obligas a huir de ti.” Mientras Jesús así decía, yo me sentía desgarrar por el dolor al ver tan amargado a mi amado Jesús, por eso le he dicho: “Señor, tienes razón de que no encuentras más nada de bien en el hombre y que ha llegado a tal ceguera que no sabe ya, ni siquiera respetar las leyes de la naturaleza; entonces si quieres ver al hombre, no harás otra cosa que mandar castigos, por eso te pido que mires tu Misericordia y así será remediado todo.” Mientras así decía, Jesús me ha dicho: “Hija mía, dame tú un alivio a mis penas.” Al decir esto se ha quitado la corona de espinas que parecía encarnada en su adorable cabeza y me la ha clavado en la mía, yo sentía un dolor fortísimo, pero estaba contenta de que Jesús se reconfortara. Después de esto me ha dicho: “Hija, Yo amo grandemente a las almas puras, y así como de las impuras estoy obligado a huir, de las puras en cambio, como por un imán soy atraído a hacer morada en ellas. A las almas puras con gusto les presto mi boca para hacerlas hablar con mi misma lengua, así que no se fatigan para convertir a las almas; en dichas almas Yo me complazco no sólo de continuar en ellas mi Pasión, y así continuar aun la Redención, sino lo que es más, me complazco sumamente de glorificar en ellas mis mismas virtudes.”

Luisa Piccarreta Volumen 02 128/9

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