MÁS ME AGRADARÍA QUE LAS FLORES QUE ME OFRECIEREIS FUERAN HACER UN ESFUERZO MAYOR PARA PERFECCIONAROS

 

Hijos de Dios, tomad conciencia de que tenéis un alma que salvar y que nadie la va a salvar por vosotros, es tarea vuestra, y aunque la gracia de Dios no os va a faltar, vosotros debéis esforzaos para poner todo lo que esté de vuestra parte. Yo, María Santísima, os hablo.

No habléis tanto en negativo que os pasáis la vida criticando y murmurando de todo el mundo, incluso, hijos, de vuestros familiares, inclusive a vuestros pensamientos os llegan criterios desfavorables de tal o cual persona y faltáis con ello a la caridad. Debéis confesaos también esas cosas negativas que pensáis de tal o cual persona, porque vosotros no sois perfectos y también os queda mucho que recorrer para la perfección.

No seáis negativos a la hora de hablar ni cuando hace frio ni cuando hace calor. No os quejéis tanto del tiempo, del cansancio, de los gobernantes, de los jefes, de los profesores. Sed almas más caritativas y más parecidas a Jesús que amaba a todos por igual, y si bien tenía que amonestar a alguien lo hacía por su bien y a veces en público para que vieran que a esas almas no había que imitarlas. Yo, María Santísima, os hablo.

Estamos en el mes que Me tenéis dedicado y Me ofrecéis novenas, cánticos y flores. Me agrada que lo hagáis pero más Me agradaría que las flores que Me ofreciereis fueran hacer un esfuerzo mayor para perfeccionaros, para frenar vuestra lengua, para hablar más en positivo que en negativo, porque todo lo cizañáis con vuestra negatividad e influís en quienes os escuchan. Y esto lo digo también para aquellas personas que llevan una vida de piedad, pero luego tropiezan en las mismas cosas que los que no la llevan.

Hijos, debéis de edificar más a quienes os conocen y a quienes convivís con ellos, porque si vosotros que lleváis una vida de piedad os ven con tanta imperfección, no solo no trasmitís fe sino que la anuláis en quienes la tienen débil. Sed pues, hijos, almas que edifiquéis, almas que os vean y alaben a Dios, no basta con llevar una vida de piedad, tenéis que ser consecuentes con esa vida en todo momento, dentro y fuera de la Iglesia y así honrareis a vuestro Padre Celestial que todo lo ve y que os mira constantemente. Yo, María Santísima, os hablo y os instruyo.

Fuente: http://hacedloqueosdiga.blogspot.com.br/

 

 

 

Jesús le habla de la nada y del amor que le lleva.

Jesús continúa viniendo pero con un aspecto todo nuevo. Parecía que de su corazón bendito salía un tronco de árbol que tenía tres raíces distintas, y este tronco, de su corazón entraba en el mío, y saliendo de mi corazón el tronco formaba tantas bellas ramas cargadas de flores, de frutos, de perlas y de piedras preciosas, resplandecientes como estrellas fulgidísimas. Ahora, mi amante Jesús, viéndose a la sombra de este árbol, se recreaba todo, mucho más que del árbol caían tantas perlas que formaban un bello adorno a su Santísima Humanidad. Mientras estaba en esta posición me ha dicho: “Hija mía amadísima, las tres raíces que ves que contiene este árbol son: la Fe, la Esperanza y la Caridad. Y lo que tú ves, que este tronco sale de Mí y se introduce en tu corazón, significa que no hay bien que posean las almas que no venga de Mí; así que después de la Fe, la Esperanza y la Caridad, el primer desarrollo que hace este tronco es el hacer conocer que todo el bien viene de Dios, que de ellas no tienen otra cosa que su propia nada, y que esta nada no hace otra cosa que darme la libertad de hacerme entrar en ellas y hacerme obrar lo que quiero; mientras que hay otras nadas, esto es, otras almas, que con la libre voluntad que tienen se oponen, entonces, faltando este conocimiento, el tronco no produce ni ramas ni frutos, ni ninguna otra cosa de bueno. Las ramas que contiene este árbol, con todo el aparato de las flores, frutos, perlas y piedras preciosas, son todas las diversas virtudes que puede poseer el alma. Ahora, ¿quién ha dado la vida a este árbol tan bello? Ciertamente las raíces, esto significa que la Fe, la Esperanza y la Caridad abrazan todo, contienen todas las virtudes, tanto, que son puestas como base y fundamento del árbol, y sin ellas no se puede producir ninguna otra virtud.” Así que he comprendido también que las flores significan las virtudes, los frutos los sufrimientos, las piedras y las perlas el sufrir únicamente por el solo amor de Dios. He aquí por qué aquellas perlas que caían formaban ese bello ornamento a Nuestro Señor. Ahora, mientras Jesús se sentaba a la sombra de este árbol, me miraba con ternura toda paterna, entonces, tomado por un rapto amoroso, que parecía que no podía contener en Sí, abrazándome fuertemente ha comenzado a decir: “¡Cómo eres bella! Tú eres mi candorosa paloma, mi amada morada, mi templo vivo, en el cual unido con el Padre y el Espíritu Santo me complazco en deleitarme. Tu continuo penar por Mí me alivia y consuela de las continuas ofensas que me hacen las criaturas. Debes saber que es tanto el
amor que te tengo, que estoy obligado a esconderlo en parte, para hacer que tú no enloquezcas y puedas vivir, porque si te lo hiciese ver no sólo enloquecerías, sino que no podrías continuar viviendo, tu débil naturaleza quedaría consumada por las llamas de mi Amor.” Mientras esto decía yo me sentía toda confundir y aniquilar, y me sentía hundir en el abismo de mi nada, porque me veía toda imperfecta, especialmente notaba mi ingratitud y frialdad a las tantas gracias que el Señor me hace. Pero espero que todo redunde a su gloria y honor, esperando con firme confianza que en un esfuerzo de su Amor quiera vencer mi dureza.

Luisa Piccarreta Volumen 02 146/7

Para ustedes y sus descendientes

En el mensaje del 25 de marzo la Reina de la Paz habló de “ustedes y sus descendientes”. La vidente Marija explicó esta parte del mensaje así: “La Reina de la Paz está llamado a ser conscientes de que esta gracia no es solo para nosotros, sino también para las generaciones a las que se la trasmitamos”.

Marija comentaba que la Reina de la Paz invita así a la confianza en el futuro, especialmente en la familia: “La Virgen trae una esperanza eterna […] Su presencia en medio de nosotros es la esperanza”.

Recordando los difíciles primeros tiempos de las apariciones, Marija confesó: “hemos aprendido con la Virgen que todo es pasajero y que Dios permanece”.

La Reina de la Paz ya había dicho en su mensaje del 2 de mayo de 2016: “mis palabras no son antiguas ni nuevas, son eternas”. Nuestra Madre nos confirma nuevamente en este mensaje que esta gracia es tan poderosa que permanecerá para nuestros descendientes. Incluso cuando terminen las apariciones, Ella nos garantiza: “Ustedes no están solos, yo estoy con ustedes”. Se cumple así también aquí su profecía en casa de Isabel: “me llamarán Bienaventurada todas las generaciones”.

Este mensaje también supone una responsabilidad para nosotros, sus apóstoles, para vivir más intensamente y transmitir sus mensajes con mayor fidelidad, también a nuestros hijos.

Fuente: Reina de la Paz TV

“Hablad a Mis Sacerdotes del tiempo de rigor que llega a este mundo”

MENSAJE 35

7 DE MAYO, 2017 

Yo estoy aquí para juzgar[1] la Tierra, a este mundo preso del enemigo infernal: Satanás.

¡Oh, pueblo Mío!, escucha a tu Salvador en esta hora de la historia en la que Me dirijo a ti; por compasión, hijo, escucha Mi Voz. Escucha todo lo que tiene que decirte tu Salvador, tu Dios y tu Señor; porque una vez hablo y no volveré a hablar a todo el que no Me quiera escuchar.

Escucha, Israel[2]. Escucha. Shemá: No olvides los preceptos que te dio tu Dios y Señor. ¡Oh, Jerusalén de Mis entrañas!, en Mi Corazón vives y te amo, no te separes de Mí, por compasión, porque días vendrán, oráculo del Señor, en que desearéis ver lo que visteis y escuchar lo que escucharon tus oídos, pero ya habrá pasado el tiempo.

Vengo a ti, pueblo Mío, vengo en Gloria y Poder para juzgar[3] a este mundo del pecado y del mal que vive en su corazón. No habrá tiempo, ¡oh hijo de Mis entrañas!, si te obstinas en seguir en tu maldad. No habrá tiempo, niño Mío. Ahora, ahora es el tiempo del perdón y la paz en tu alma. Obedece Mis Mandatos[4], ponte a salvo del enemigo infernal, haz las paces con tu Salvador pues tu corazón está manchado del mal y del pecado que Satanás ha puesto en él, y tú has consentido. Ahora, hijo, ahora, aún es el momento de acudir a la fuente de la salvación, a la fuente de la Gracia, acude a Mis ministros y no te lamentarás el último día.

No hay tiempo de titubeos en tu vida porque caerá agua y azufre del cielo y la tormenta solar cerrará la puerta a toda comunicación a la que estás acostumbrado, serás tú ante Mí; solos, solo con tu Dios y Señor, no podrás ampararte en lo que otros dicen sino sólo en lo que hay en tu corazón. El hombre vive disperso entre tanta noticia y confusión como llega a él por las noticias de cada día y la comunicación excesiva a la que se ha acostumbrado; pero vienen días, ¡oh Israel!, en que tu alma gustará y sabrá lo que es la soledad. No te inquietes, niño Mío, pero deberás saber lo que es el silencio en tu vida y no podrás ampararte en lo que otros hablan o dicen, o creen o insinúan, sino sólo en la Verdad que tienes delante y prepararte para estar ante tu Dios y Señor.

Los signos se sucederán y aprenderéis a ver, a escuchar y a discernir[5] en vuestro interior pues la Gracia de Mi Santo Espíritu os asistirá[6].

No tiembles, no temas, ¡oh hijo de Dios!, pero escucha Mis Palabras que hoy te dirijo por Mi instrumento, el que Yo elegí por amor a ti.

Vendrán días de desolación a este mundo como no has conocido porque te has dejado seducir por el mal y el pecado de Satanás.

Aprende la lección de tus antepasados, aprende a escuchar[7]; aprende, hijo, porque es tarde. No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy, porque no sabes si habrá mañana, no sabes si vivirás el momento siguiente, pero vives y te jactas en este mundo como si todo fuera para siempre. No, hijo, no, que eres peregrino[8] y vas caminando por esta vida de pecado. Ábrete camino entre la maleza que te circunda y te rodea hasta agotar tus fuerzas a veces, y déjate conducir por tu Salvador.

Ahora, ahora es el tiempo de la Salvación. No Me canso de gritar estas palabras a tu corazón, hijo, pero veo que no Me haces caso, sigues en tus cosas y te jactas de ello. Pero llorarás, llorarás cuando venga el momento de rigor a tu vida.

Prepárate, prepárate para comparecer ante Mí, deja ya de comportarte como un niño y sé un hombre, un hombre con un corazón de niño que todo lo espera y confía sin límites, sin medida en su padre del alma[9].

Ahora, ahora, hijo, es el tiempo de la última Salvación. Ven a Mis brazos, lávate en Mi Sangre[10], la Sangre que vertí por ti en Mi Cruz. No desperdicies la Sangre de tu Redentor[11]. Aleluya.

¡Oh, hijos!, cuánto hacéis sufrir a Mi Santo Corazón con vuestro rechazo e ingratitud a Mi Sacrificio en la Cruz[12] por vuestra Salvación. No Me miras en la Cruz[13], en el lugar de Mi suplicio por Amor a ti; sólo quieres banquetear y vivir a tu gusto pero, ¡oh Israel!, por Mi Nombre te digo que morirás en el fuego eterno si rechazas la Salvación que vino a traerte el Hijo del hombre. La Salvación que el mundo entero esperó y vino a traerte el hijo de Dios[14].

Prepárate, prepárate, hijo de los hombres, pues el camino de tu verdad, de tu Salvación, se acerca, está en tu puerta. ¿Por qué os obstináis y os empeñáis en buscar una fecha si lo único que te pide el Hijo de Dios es que limpies tu alma de todo el pecado que hay en ella? Tú, obedece a tu Salvador y la fecha llegará en el tiempo fijado.

Ponte a trabajar en tu salvación y en la salvación de tus hermanos.

Hablad a Mis Sacerdotes del tiempo de rigor que llega a este mundo, están embotados con las cosas de este mundo y no miran en la dirección que espero de ellos. Están enajenados, ¡cuántos de ellos!, del rigor que va a caer sobre este mundo, porque el mundo también ha hecho presa en ellos.

No, hijos, no, aprended de las fieras y de las flores del campo que sirven y dan gloria a Dios porque no rechazan el designio de Dios sobre ellos, viven y mueren pero no se rebelan. Vosotros en vuestra libertad y superioridad sobre ellos debéis aprender de la naturaleza, que fue creada por el mismo Creador[15] que os creó a vosotros, hijos. Aprended de todo lo creado pues en todo está la mano de Mi Padre Santo. Si miraseis la creación veríais como nada escapa al designio de Amor y Salvación que hay sobre ella. Vosotros fuisteis creados a imagen y semejanza de Dios[16] con un destino y un designio superior; pero ellos, todo lo que os rodea, os enseña, y vosotros debéis aprender. La creación entera entrará en Mi descanso[17], leéis en la Sagrada Escritura, vosotros sois parte de ella, todo lo creado por Dios es un todo, y todo participará de la última Salvación.

Tened las lámparas[18] encendidas pues el Esposo de vuestra alma viene, y viene pronto a este mundo de pecado, que gime bajo las garras de Satanás[19].

La Cruz está en vuestras puertas, la Cruz que os dará el título de Gloria. Buscáis la sabiduría de este mundo, y en este mundo os regodeáis y os ensalzáis como pavos reales por vuestra sabiduría pobre y mundana, y en cambio no buscáis el título que da la Gloria Eterna: la Cruz de vuestro Salvador en vuestra vida[20]. Agarraos fuertemente a ella y no os soltéis jamás de ella, porque en ella está vuestra salvación y la salvación de vuestros hermanos.

¿Qué quieren escuchar vuestros oídos? ¿Por qué no preferís lo que desea y anhela escuchar vuestra alma? Estáis llenos de curiosidad y deseos de saber lo que sólo Dios en Su Misericordia tiene fijado para este mundo, pero os cansáis de escuchar el Amor de un Dios que vino a traeros la Salvación. ¡Oh, hijos de los hombres, qué embotado tenéis vuestro corazón, y qué seca está vuestra alma, que no desea Mis Palabras de Amor, que no anhela y suspira por un “te quiero” de vuestro Salvador!

¡Oh, Israel, pueblo Mío de Mi Amor y Mis entrañas!, ¿por qué no quieres a tu Salvador? Días vendrán que buscarás Mi Amor en el Sagrario y no lo tendrás porque fuiste infiel a Mi Amor, Me abandonaste, Me dejaste sólo y te fuiste con otros dioses[21], dioses de barro y de arcilla que se rompen y no te sirven ni te servirán para nada; nada más que para encontrar el camino de la perdición y la condenación eterna.

¡Oh, hijos, cuánto malgastáis el tiempo que os queda!, pero Mi Amor os recuerda y os recordará que es tarde, y debéis preparar vuestra alma y vuestra vida para todo lo que está por venir a este mundo, que ya vivís en tantas partes de este mundo abocado al mal y a la perdición, pero todo se pondrá peor hasta desembocar en una auténtica y despiadada persecución a los cristianos, a Mis hijos, a los que son de Mí.

¡Oh, Israel!, la sangre correrá por este mundo de pecado y Mis hijos morirán a manos de sus verdugos por el odio cruel y sanguinario del enemigo de vuestras almas. Aquel día, ¡oh pueblo Mío!, buscarás Mi mano, buscarás el manto de Mi Madre para cubrirte con él, pero no lo tendrás si ahora no te dispones a prepararte y preparar a tus hermanos para cuando llegue ese momento, pues, en esos momentos de rigor, sólo el alma que se ha dispuesto en este tiempo tendrá la Luz de Mi Gracia y la asistencia de Mi Santo Espíritu. Es muy difícil al hombre que tiene su corazón y su alma, podridos por el pecado de Satanás, reconocer Mi Gracia. La medida de vuestra preparación, por pequeña que sea, dará sus frutos en aquellos momentos de rigor y de horror que vienen a este mundo inexorablemente. Todo se cumplirá, y el martirio de Mis hijos llegará.

‘Por Tu Bondad y Tu Gracia dale al esfuerzo su mérito’[22], decís, así rezáis al Espíritu de Dios; pues pedidlo, hijos, para que estas palabras se hagan realidad en vuestra vida.

¡Oh, hijos!, días de justicia llegan a este mundo: “¡Preparaos, preparaos!”, os grita vuestro Salvador a vuestras almas dormidas.

Despertad[23], hijos, del letargo mortal en que vivís y dormís. ¡Despierta, pueblo Mío, que llega tu Salvador!

Días de justicia y de crueldad infernal viviréis en este mundo, días venideros que están al llegar, que están llegando, que llamarán a tu puerta.

Hijo, si tu alma vive para el Señor no serás pasto del enemigo cruel.

Aprended de las fieras del campo y de los lirios[24] del campo que se dejan hacer y deshacer por su Creador; haced vosotros lo mismo: sed dóciles, callad vuestra mente de sus rebeldías y oposiciones a los designios del Único Creador del Cielo y la Tierra. Aleluya.

Buscad, buscad, hijos, la salvación, la última salvación, porque este mundo se acaba con todo lo que hay en él, y ha pervertido vuestros corazones y existencias. Todo será arrojado al lago de fuego[25] con el único pervertidor de vuestras almas, por el que vino el pecado a este mundo creado para el amor y la felicidad por las manos de Mi Padre Santo, el Único Alfarero[26]que amasó y dio forma al barro de vuestra vida con el Amor más grande y la ternura que no tiene límite ni parangón en este mundo, pues no conocéis la altura y la grandeza del Amor de Dios. Hijos, sólo vuestra alma en gracia es capaz de atisbar suaves y pequeños destellos de ese Amor infinito que un día veréis, comprenderéis y gozaréis en el Cielo: si en vuestra vida os habéis acogido al Amor de Dios.

No os desaniméis, no busquéis la sabiduría de otros, buscad en vuestro interior la Sabiduría de Dios[27], la que da fuerza y amor para luchar en el camino, la sabiduría de otros lleva al desánimo y la desesperanza. Buscad todo lo que es de Dios y encontraréis la alegría y la fuerza para vivir en este mundo.

¡Oh, hijos!, que este mundo se acaba. Abrid vuestro corazón a la Voz de Dios.

El enemigo infernal intentará destruir Mis Palabras, pero vosotros acudid a la oración,[28] y allí encontraréis la fuerza y la luz para resistir firmes en la fe.

Es tarde y el terror de un mundo cruel avanza inexorablemente a vuestras vidas. Cerrad la puerta al pecado y viviréis: de lo contrario moriréis[29] en el fuego eterno que no se extingue. Sí, hijos, que el que rechaza la Salvación de Dios acoge su propia condenación.

No malgastéis el tiempo que ahora tenéis delante y en el que espero vuestro esfuerzo y dedicación a todo lo que os pide el Salvador de vuestras almas.

Poneos a trabajar instando a todos a seguir la Luz del Evangelio y a vivir Mis Sacramentos. En gracia, en gracia quiero que estén vuestras almas; reconciliadas con Dios en el Sacramento de la Penitencia antes de ir a recibirme en la Comunión.

No sois sencillos como palomas[30]; aprended la sencillez, la blandura del corazón firme en Dios y en Sus Mandamientos.

No he venido para castigar, he venido para salvar, sólo el que rechaza la Cruz de Cristo se condena a sí mismo. Sí, hijos, que Mi Cruz salva, no condena.

La víbora infernal persigue vuestra condenación desde que fuisteis creados: por el odio y la soberbia de Satanás a Dios os busca y os persigue para llevar vuestras almas a la condenación eterna, pero, hijos, tenéis Mi Cruz, agarraos fuertemente a ella y seréis salvos. Yo os daré la Vida Eterna.

No tengáis miedo porque Yo, Jesús, estoy con vosotros y no os abandono. No abandono a Mis queridos niños del alma, y siempre estaré[31] a vuestro lado.

Abrid vuestros corazones al Hijo de Dios que llega, llega en la hora[32] fijada por Mi Padre Santo que está en los cielos. Aleluya.

No os desaniméis nunca y seguid Mis Mandatos: en ellos está la salvación de vuestras almas; no escuchéis a los que los corrijan o los supriman: ésos no son Míos, aunque un día lo fueran; huid de ellos como se huye de la condenación eterna. Aleluya.

Dad Gloria a Dios con vuestra vida siendo fieles a Mi Palabra: a Mi Santo Evangelio.

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[1] Sal 96, 13 ; Sal 97, 1-6 ; Sal 98, 7-9 ; Ap 19, 11
[2] Dt 6, 4-9 ; Mc 12, 28-31
[3] Jn 12, 31
[4] Éx 20
[5] Mt 16, 1-4 ; Lc 12, 54-59
[6] Rom 8, 26-27
[7] 1 Re 3, 9-10. Traducción literal de las palabras de Salomón: “Da, pues, a tu siervo un corazón que escuche, para juzgar a tu pueblo […] Estas palabras agradaron al Señor”; Lc 1, 38; 2, 51; 10, 39; 11, 28; Jn 10, 3-5.16.27
[8] 1 Crón 29, 15
[9] Mt 18, 1-4; 19, 13-15; 5, 3; Lc 18,15-17; Mc 10,13-16
[10] Ap 7, 14
[11] Ef 1, 7
[12] Mt 26 y 27
[13] Jn 19, 37
[14] Lc 11, 30-32
[15] Rom 1, 18-25
[16] Gén 1, 26-27
[17] Gén 2, 1-3 ; Sal 95, 11; Heb 3, 7-4, 13
[18] Mt 25, 1-13
[19] Rom 8, 19-23
[20] 1 Cor 1, 17-2, 8; Gal 6, 14
[21] Sal 135, 15-18
[22] Secuencia de Pentecostés.
[23] Ef 5, 14
[24] Mt 6, 19-34
[25] Ap 20, 10
[26] Gén 2, 7
[27] 1 Cor 1, 18-31
[28] Ef 6, 18
[29] Dt 30, 15-20
[30] Mt 10, 16
[31] Mt 28, 21
[32] Mc 13, 33-37

Nota: El director espiritual de Isabel escribe lo siguiente:
“Conviene tener presente que las citas bíblicas que van a pie de página no forman parte del mensaje, sino que son un añadido posterior: son sólo ilustrativas e indican una concordancia textual entre el mensaje y las mismas. Pero no se pretende demostrar o interpretar la Palabra de Dios a la luz del mensaje.
Al poner a disposición estos mensajes de todo el que quiera conocerlos se hace con la confianza de que un día gocen de alguna aprobación eclesiástica y en el sometimiento al juicio de la autoridad de la Iglesia en cuanto a su origen sobrenatural, pero con la persuasión de que no contienen nada que vaya en contra ni del dogma, ni de la moral de la Iglesia. De momento están acogidos al decreto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe (AAS, 58, nº 16, de 29-12-1966) aprobado por el Beato Pablo VI permitiendo la publicación de escritos de esta índole. Ojalá contribuyan a la nueva evangelización que el Papa Francisco nos propone incansablemente.” http://elpastorsupremo.es/

Fuente:
http://elpastorsupremo.es/wp-content/uploads/2017/05/MENSAJE-35.pdf