El hombre es una reproducción del Ser Divino.

Esta mañana mi adorable Jesús ha venido y me ha transportado fuera de mí misma en medio a las gentes, y parecía que Jesús miraba con ojos de compasión a las criaturas, y los mismos castigos aparecían como infinita misericordia suya, salida de lo más íntimo de su corazón amorosísimo; entonces, vuelto hacia mí me ha dicho: “Hija mía, el hombre es una reproducción del Ser Divino, y como nuestro alimento es el amor, siempre recíproco, conforme y constante entre las Tres Divinas Personas, entonces, el hombre habiendo salido de nuestras manos y del amor puro y desinteresado, es como una partícula de nuestro alimento. Ahora, esta partícula se ha vuelto amarga; no sólo eso, sino que la mayor parte, separándose de Nosotros se ha hecho pasto de las llamas infernales y alimento del odio implacable de los demonios, nuestros y sus capitales enemigos. He aquí la causa principal de nuestro descontento por la pérdida de las almas: Porque son nuestras, son cosa que nos pertenece; y también la causa que me empuja a castigarlos, es el gran amor que tengo por ellos, para poder poner a salvo sus almas.” Y yo: “¡Ah! Señor, parece que esta vez no tienes otras palabras que decir más que de castigos, tu Potencia tiene tantos otros medios para salvar estas almas. Y además, si estuviera cierta que toda la pena caería sobre ellos y Tú quedaras libre, sin sufrir en ellos, me contentaría, pero veo que ya estás sufriendo mucho por aquellos castigos que has mandado, ¿qué será si continúas mandando otros castigos?” Y Jesús: “A pesar de todo lo que sufro, el Amor me obliga a enviar flagelos más pesados, y esto porque no hay medio más potente para hacer entrar en sí mismo al hombre y hacerle conocer qué cosa es su ser, que el hacer que se vea a sí mismo deshecho, los otros medios parece que lo robustecen de más; por eso confórmate a mi Justicia. Veo bien que el amor que tú me tienes es lo que te empuja a no conformarte conmigo, y no tienes corazón de verme sufrir, pero también mi Madre me amó más que todas las criaturas, tanto, que ninguna otra podrá jamás igualarla, sin embargo, para salvar a las almas se conformó a la Justicia y se contentó con verme sufrir tanto. Si esto hizo mi Madre, ¿cómo no lo podrías hacer tú?” Y en el momento en que Jesús hablaba me sentía atraer tanto mi voluntad a la suya, que casi no sabía resistir a conformarme con su Justicia, no sabía qué decir, tan convencida me sentía; sin embargo no manifesté mi voluntad. Jesús ha desaparecido y yo he quedado en esta duda, si debo o no conformarme.
Luisa Piccarreta Volumen 02 169/70

 

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