Dios nos atrae a amarlo en tres modos, y en tres modos se manifiesta al alma.

Esta mañana mi adorable Jesús no venía. Después de mucho esperar y seguir esperando, apenas, casi como un rayo que huye se dejó ver varias veces, pero me parecía ver más bien una luz que a Jesús, y en esta luz una voz que decía la primera vez que vino: “Yo te atraigo a amarme en tres modos: A fuerza de beneficios, a fuerza de atracciones y a fuerza de persuasiones.” ¿Quién puede decir cuántas cosas comprendía en estas tres palabras? Me parecía que Jesús bendito, para atraerse mi amor y también el de las otras criaturas, hace llover beneficios en favor nuestro, y viendo que esta lluvia de beneficios no llega al punto de ganarse nuestro amor, llega a hacerse atrayente. ¿Y cuál es esta atracción? Son sus penas sufridas por amor nuestro, hasta morir chorreando sangre sobre una cruz, donde se volvió tan atrayente que enamoró de Sí a sus mismos verdugos y a sus más fieros enemigos. Además, para atraernos mayormente y volver más fuerte y estable nuestro amor, nos ha dejado la luz de sus santísimos ejemplos, unidos a su celestial doctrina, y que como luz nos despejan las tinieblas de esta vida y nos conducen a la eterna salvación. La segunda vez que ha venido me ha dicho: “Yo me manifiesto al alma en tres diversos modos: Con la Potencia, con la noticia y con el Amor. La Potencia es el Padre, la Noticia es el Verbo, el Amor es el Espíritu Santo.” ¡Oh, cuántas otras cosas comprendía! Pero demasiado escaso es lo que sé manifestar. Me parecía que con la Potencia se manifiesta Dios al alma en todo lo creado, desde el primero al último ser es manifestada la omnipotencia de Dios. El cielo, las estrellas y todos los demás seres nos hablan, si bien en mudo lenguaje, de un Ente Supremo, de un Ser Increado, de su omnipotencia, porque el hombre más instruido, con toda su ciencia no puede llegar a crear el más vil mosquito, y esto nos dice que debe haber un Ser Increado potentísimo que ha creado todo y da vida y subsistencia a todos los seres. ¡Oh, cómo todo el universo a claras notas y con caracteres imborrables nos habla de Dios y de su omnipotencia! Así que quien no lo ve es ciego voluntario. Con la noticia, me parecía que Jesús bendito al descender del Cielo viniera en persona a la tierra a darnos noticia de lo que para nosotros es invisible, ¿y en cuántos modos no se manifestó Él? Creo que cada uno por sí mismo comprenderá todo el resto, por eso no me alargo más.

Luisa Piccarreta Volumen 03 192

Elocuente elogio de la cruz.

Encontrándome muy afligida por ciertas cosas que no es lícito decir aquí, el amable Jesús, queriéndome aliviar en mi aflicción ha venido con un aspecto todo nuevo, me parecía vestido de color celeste, todo adornado de campanitas pequeñas de oro, que golpeándose entre ellas resonaban con un sonido jamás oído. Ante el aspecto de Jesús y el armonioso sonido me he sentido encantar y aliviar en mi aflicción, que como humo se alejaba de mí. Yo habría permanecido allí, en silencio, tanto me sentía encantar las potencias de mi alma, si el bendito Jesús no hubiese roto mi silencio al decirme: “Amada hija mía, todas estas campanitas son tantas voces que te hablan de mi amor y que te llaman a amarme. Ahora, déjame ver cuántas campanitas tienes tú que me hablen de tu amor y que me llamen a amarte.” Y yo, toda llena de vergüenza le dije: “¡Ah Señor! ¿Qué dices? Yo no tengo nada, no tengo otra cosa que defectos.” Entonces Jesús compadeciendo mi miseria continuó diciéndome: “Tú no tienes nada, es verdad; pues bien, quiero adornarte Yo con mis mismas campanitas, a fin de que puedas tener tantas voces para llamarme y para demostrarme tu amor.” Así parecía que como una faja adornada de estas campanitas me ceñía la cintura. Después de esto he quedado en silencio y Él ha agregado: “Hoy quiero entretenerme contigo, dime alguna cosa.” Y yo: “Tú sabes que todo mi contento es estar junto contigo, y teniéndote a Ti lo tengo todo, por eso poseyéndote a Ti me parece que no tengo otra cosa que desear, ni que decir.” Y Jesús: “Hazme oír tu voz que recrea mi oído, conversemos un poco juntos, Yo te he hablado tantas veces de la cruz, hoy déjame oírte hablar a ti de la cruz.” Yo me sentía toda confundida, no sabía que decir, pero Él me ha mandado un rayo de luz intelectual, y para contentarlo he comenzado a decir: “Amado mío, ¿quién te puede decir qué cosa es la cruz? Sólo tu boca puede hablar dignamente de la sublimidad de la cruz, pero ya que quieres que hable yo, está bien, lo hago: La cruz sufrida por Ti me liberó de la esclavitud del demonio y me desposó con la Divinidad con nudo indisoluble; la cruz es fecunda y me pare la Gracia; la cruz es luz y me desengaña de lo temporal y me descubre lo eterno; la cruz es fuego, y todo lo que no es de Dios lo vuelve cenizas, hasta vaciarme el corazón del más mínimo hilo de hierba que pueda estar en él; la cruz es moneda de inestimable precio, y si yo tengo, Esposo santo, la fortuna de poseerla, me enriqueceré de monedas eternas, hasta volverme la más rica del paraíso, porque la moneda que corre en el Cielo es la cruz sufrida en la tierra; la cruz me hace conocerme más a mí misma, y no sólo eso, sino me da el conocimiento de Dios; la cruz me injerta todas las virtudes; la cruz es la noble cátedra de la Sabiduría increada que me enseña las doctrinas más altas, sutiles y sublimes, así que sólo la cruz me develará los misterios más escondidos, las cosas más recónditas, la perfección más perfecta escondida a los más doctos y sabios del mundo; la cruz es como agua benéfica que me purifica, no sólo eso, sino que me suministra el nutrimento a las virtudes, me las hace crecer y sólo me deja cuando me conduce a la Vida eterna; la cruz es como rocío celeste que me conserva y me embellece el bello lirio de la pureza; la cruz es el alimento de la Esperanza; la cruz es la antorcha de la Fe obrante; la cruz es aquel leño sólido que conserva y mantiene siempre encendido el fuego de la Caridad; la cruz es aquel leño seco que hace desvanecer y poner en fuga todos los humos de soberbia y de vanagloria, y produce en el alma la humilde violeta de la humildad; la cruz es el arma más potente que hiere a los demonios y me defiende de sus garras. Así que el alma que posee la cruz es de envidia y admiración a los mismos ángeles y santos, y de rabia y desdén a los demonios. La cruz es mi paraíso en la tierra, de modo que si el paraíso de allá, de los bienaventurados, son los gozos, el paraíso de acá son los sufrimientos. La cruz es la cadena de oro purísimo que me une contigo, mi sumo Bien, y forma la unión más íntima que se pueda dar, hasta hacer desaparecer mi ser y me transmuta en Ti, mi objeto amado, tanto, de sentirme perdida en Ti y vivo de tu misma Vida.” Después que dije esto, (no sé si son desatinos), mi amable Jesús al oírme todo se complacía, y llevado por un entusiasmo de amor toda me besaba y me ha dicho: “Bravo, bravo a mi amada hija, has dicho bien. Mi Amor es fuego, pero no como el fuego terreno que dondequiera que penetra todo lo vuelve estéril y reduce todo a cenizas; mi fuego es fecundo y sólo esteriliza lo que no es virtud, pero a todo lo demás da vida y hace germinar las bellas flores, hace producir los más exquisitos frutos y convierte al alma en el más delicioso jardín celestial. La cruz es tan potente y le he comunicado tanta gracia, que la volví más eficaz que los mismos sacramentos, y esto porque al recibir el sacramento de mi cuerpo se necesitan las disposiciones y el libre concurso del alma para recibir mis gracias, que muchas veces pueden faltar, pero la cruz tiene virtud de disponer al alma a la Gracia.”

Luisa Piccarreta Volumen 03 189

Resultado de imagem para Cruz

 

 

 

Miembros enfermos y miembros sanos en el cuerpo místico de Jesús.

Continúa viniendo mi adorable Jesús, y esta vez lo veía en el momento cuando estaba atado a la columna; Él, desatándose se arrojaba en mis brazos para ser compadecido por mí. Yo me lo he estrechado y he comenzado a arreglarle los cabellos, todos con coágulos de sangre, a secarle los ojos y el rostro, y al mismo tiempo lo besaba y hacía diversos actos de reparación. Cuando llegué a las manos y le quité la cadena, con suma maravilla vi que la cabeza era de Nuestro Señor, pero los miembros eran de tantas otras personas, especialmente religiosas. ¡Oh! cuántos miembros infectados que daban más tinieblas que luz; en el lado izquierdo estaban los que daban más sufrimiento a Jesús, se veían miembros enfermos, llenos de llagas agusanadas y profundas, otros que apenas quedaban unidos por un nervio a aquel cuerpo; oh, cómo se dolía y vacilaba aquella cabeza divina sobre aquellos miembros. Al lado derecho se veían aquellos que eran más buenos, esto es, miembros sanos, resplandecientes, cubiertos de flores y de rocío celestial, perfumados con fragantes olores, y entre estos miembros se descubría alguno que despedía un perfume apagado. Esta cabeza divina sobre estos miembros sufría mucho. Es verdad que había miembros resplandecientes, que casi se asemejaban a la luz de aquella cabeza, que la recreaban y le daban grandísima gloria, pero eran en número más grande los miembros infectados. Jesús, abriendo su dulcísima boca me dijo: “Hija mía, ¡cuántos dolores me dan estos miembros! Este cuerpo que tú ves es el cuerpo místico de mi Iglesia, del cual me glorío de ser su cabeza, ¡pero qué cruel desgarro hacen estos miembros en este cuerpo! Parece que se azuzan entre ellos para ver quien puede darme más tormento.” Ha dicho otras cosas que no recuerdo bien sobre este cuerpo, por eso pongo punto.

Luisa Piccarreta Volumen 03 188

Resultado de imagem para Corpo mistico de Cristo

La Gracia hace feliz al alma.

Esta mañana mi amado Jesús no venía, pero después de mucho esperar, en cuanto lo he visto me lamenté con Él por su tardanza, diciéndole: “Señor bendito, ¿cómo es que tardas tanto, tal vez te has olvidado que no puedo estar sin Ti? ¿O acaso perdí tu Gracia y por eso no vienes?” Y Él interrumpiendo mis lamentos me ha dicho: “Hija mía, ¿sabes tú qué cosa hace mi Gracia? Mi Gracia hace feliz el alma de los bienaventurados comprensores, y vuelve feliz el alma de los viadores, con esta sola diferencia, que los comprensores gozándose y deleitándose, y los viadores trabajando y poniéndola en comercio. Así que quien posee la Gracia tiene en sí misma el paraíso, porque la Gracia no es otra cosa que poseerme a Mí mismo, y siendo Yo sólo el objeto encantador que encanta a todo el paraíso y que formo todos los contentos de los bienaventurados, el alma, poseyendo la Gracia, dondequiera que se encuentre posee su paraíso.”

Luisa Piccarreta Volumen 03 186

Males de la soberbia.

Continúa viniendo mi adorable Jesús, y como mi mente, antes de que viniera estaba pensando en ciertas cosas que me había dicho en años pasados, y que no recuerdo bien, Él, como para recordarme me ha dicho: “Hija mía, la soberbia roe la Gracia. En los corazones de los soberbios no hay otra cosa que un vacío todo lleno de humo que produce la ceguera. La soberbia no hace más que hacer de sí mismo un ídolo, así que el alma soberbia no tiene a su Dios consigo; con el pecado ha buscado destruirlo en su corazón, y levantando un altar en él se pone encima y se adora a sí mismo.” ¡Oh! Dios, qué monstruo abominable es este vicio. A mí me parece que si el alma está atenta a no dejarlo entrar en ella, estará libre de todos los otros vicios; pero si por su desventura se deja dominar por él, como es madre monstruosa y mala, le parirá todos sus hijos díscolos, los cuales son los demás pecados. ¡Ah Señor, tenla lejos de mí!

Luisa Piccarreta Volumen 03 183