Jesús obra la perfección en el alma poco a poco.

Esta mañana me encontraba en tal abatimiento de ánimo y me veía tan mala, que yo misma me volvía insoportable. Habiendo venido Jesús le he dicho mis penas y el miserable estado en el cual me encontraba, y Él me ha dicho: “Hija mía, no quieras perder el ánimo; esta es mi costumbre, el obrar la perfección paso a paso y no todo en un instante, a fin de que el alma, viendo siempre que le falta alguna cosa, se impulse, haga todos los esfuerzos para alcanzar lo que le falta, a fin de agradarme más y de santificarse mayormente, entonces Yo, atraído por esos actos me siento forzado a darle nuevas gracias y favores celestiales, y con esto se viene a formar un comercio todo divino entre el alma y Dios, de otra manera, poseyendo el alma en sí la plenitud de la perfección, y por lo tanto de todas las virtudes, no encontraría modos de cómo esforzarse, cómo agradarle más y vendría a faltar la yesca para encender el fuego entre la criatura y el Creador.” ¡Sea siempre bendito el Señor!
Luisa Piccarreta Volumen 02 145
 

Jesús le hace ver el estado lastimoso del mundo.

Jesús le hace ver el estado lastimoso del mundo.

Esta mañana mi amado Jesús me ha transportado fuera de mí misma y me ha hecho ver la decadencia de la religión en los hombres, y un preparativo de guerra. Yo le he dicho: “¡Oh Señor, en qué estado tan lastimoso se encuentra el mundo en estos tiempos en cuanto a la religión! Parece que el mundo no reconoce más a Aquel que ennoblece al hombre y lo hace aspirar a un fin eterno, pero lo que más hace llorar, es que parte de aquellos mismos que se dicen religiosos, que deberían poner la propia vida para defender la religión y hacerla resurgir, la ignoran.” Y Jesús, tomando un aspecto afligidísimo me ha dicho: “Hija mía, esta es la causa de que el hombre viva como bestia, porque ha perdido la religión; pero tiempos más tristes vendrán para el hombre en castigo de la ceguera en la cual él mismo se ha sumergido, tanto, que se me oprime el corazón al verlo. Pero la sangre hará revivir esta santa religión; esta sangre que haré derramar por toda clase de gente, por seglares y religiosos, regará al resto de las gentes que viven como salvajes, y civilizándolas les restituirá de nuevo su nobleza. He aquí la necesidad de que la sangre se derrame y que las mismas iglesias queden casi abatidas, para hacer que regresen de nuevo y existan con su primer brillo y esplendor.” ¿Pero quién puede decir el desgarro cruel que harán en los tiempos por venir? Lo paso en silencio porque no lo recuerdo bien y no lo veo tan claro; si el Señor quiere que lo diga me dará más claridad y entonces tomaré de nuevo la pluma sobre este argumento, por eso, por ahora pongo punto.

Luisa Piccarreta Volumen 02 140

Efectos de agradar sólo a Jesús.

Después de haber pasado dos días de sufrimientos, mi benigno Jesús se mostraba todo afabilidad y dulzura. En mi interior yo decía: “Cómo es bueno conmigo el Señor, sin embargo no encuentro en mí nada bueno que le pueda agradar.” Y Jesús respondiéndome me ha dicho: “Amada mía, así como tú no encuentras otro placer ni otro contento, que entretenerte y conversar conmigo y darme gusto sólo a Mí, de modo que todas las otras cosas que no son mías te disgustan, así Yo, mi placer y mi consolación es el venir a entretenerme y hablar contigo. Tú no puedes entender la fuerza que tiene sobre mi corazón, de atraerme a ella, un alma que tiene la única finalidad de agradarme sólo a Mí. Me siento tan unido con ella que estoy obligado a hacer lo que ella quiere.” Mientras Jesús así decía, comprendí que hablaba en el modo como en días pasados, mientras sufría acerbos dolores, en mi interior iba diciendo: “Jesús mío, todo por amor tuyo, estos dolores sean tantos actos de alabanza, de honor, de homenaje que te ofrezco, estos dolores sean tantas voces que te glorifiquen y tantos testimonios que digan que te amo.”

Luisa Piccarreta Volumen 02 138

 

La palabra de Dios no sólo es verdad, sino también luz.

Viniendo esta mañana el amantísimo Jesús le he dicho: “Mi amado Jesús, yo creo que todo lo que escribo son muchos disparates.” Y Jesús: “Mi palabra no sólo es verdad, sino también luz, y cuando una luz entra en un cuarto oscuro, ¿qué hace? Disipa las tinieblas y hace descubrir los objetos que hay, feos o bellos, si están en orden o en desorden, y del modo como se encuentra ese cuarto se juzga a la persona que ocupa aquella habitación. Ahora, la vida humana es el cuarto oscuro, y cuando la luz de la verdad entra en un alma, disipa las tinieblas, esto es, hace descubrir lo verdadero de lo falso, lo temporal de lo eterno, así que arroja de sí los vicios y se mete al orden de las virtudes, porque siendo mi luz santa, que es mi misma Divinidad, no podrá comunicar otra cosa que santidad y orden, por lo tanto el alma siente salir de sí, luz de paciencia, de humildad, de caridad y más. Si mi palabra produce en ti estas señales, ¿por qué temes?” Después de esto, Jesús me ha hecho oír que rogaba al Padre por mí, diciendo: “Padre Santo, te pido por esta alma, haz que cumpla en todo perfectamente nuestra Santísima Voluntad, haz oh Padre adorable que sus acciones estén tan conformadas con las mías, pero en modo tal que no se puedan distinguir las unas de las otras, y así poder cumplir sobre de ella lo que he diseñado.” ¿Pero quién puede decir la fuerza que me sentía infundir en mi alma por esta oración de Jesús? Me sentía vestir el alma por una fuerza tal, que para cumplir la Voluntad Santísima de Dios no me hubiera importado sufrir mil martirios, si así fuera su beneplácito. Siempre sean dadas las gracias al Señor, que tanta misericordia usa con esta pobre pecadora.
Luisa Piccarreta Volumen 02 137/8

El alma resignada está siempre en reposo.

Continúa haciéndose ver apenas y casi enojado con los hombres y por más que le he pedido que derramara en mí sus amarguras ha sido imposible, y sin prestarme atención a lo que le decía, me ha dicho: “La resignación absorbe todo lo que puede ser de pena o de disgusto a la naturaleza y lo convierte en dulce; y siendo mi Ser pacífico, tranquilo, de modo que cualquier cosa que pueda suceder en el Cielo y en la tierra no puede recibir ni siquiera el más mínimo aliento de turbación, entonces la resignación tiene la virtud de injertar en el alma estas mismas virtudes mías. El alma resignada está siempre en reposo, no sólo ella, sino que me hace reposar tranquilamente también a Mí en ella.”

Luisa Piccarreta Volumen 02 130/1

Silencio y llanto de Jesús por las criaturas. Habla acerca de la pureza.

Esta mañana, mi suavísimo Jesús transportándome fuera de mí misma me hacía ver la corrupción en la cual ha caído el género humano. ¡Da horror el pensarlo! Mientras me encontraba en medio de estas gentes, Jesús decía casi llorando: “¡Oh hombre, cómo te has desfigurado, deformado, desnoblecido! ¡Oh hombre, Yo te hice para que fueras mi templo vivo, y tú en cambio te has hecho habitación del demonio! Mira, aun las plantas con estar cubiertas de hojas, de flores y frutos, te enseñan la honestidad, el pudor que tú debes tener de tu cuerpo, y tú habiendo perdido todo pudor y también la vergüenza natural que deberías tener, te has vuelto peor que las bestias, tanto que no tengo más a quien compararte. Tú eras mi imagen, pero ahora no te reconoces más; es más, me das tanto horror por tus impurezas, que me da náuseas el verte, y tú mismo me obligas a huir de ti.” Mientras Jesús así decía, yo me sentía desgarrar por el dolor al ver tan amargado a mi amado Jesús, por eso le he dicho: “Señor, tienes razón de que no encuentras más nada de bien en el hombre y que ha llegado a tal ceguera que no sabe ya, ni siquiera respetar las leyes de la naturaleza; entonces si quieres ver al hombre, no harás otra cosa que mandar castigos, por eso te pido que mires tu Misericordia y así será remediado todo.” Mientras así decía, Jesús me ha dicho: “Hija mía, dame tú un alivio a mis penas.” Al decir esto se ha quitado la corona de espinas que parecía encarnada en su adorable cabeza y me la ha clavado en la mía, yo sentía un dolor fortísimo, pero estaba contenta de que Jesús se reconfortara. Después de esto me ha dicho: “Hija, Yo amo grandemente a las almas puras, y así como de las impuras estoy obligado a huir, de las puras en cambio, como por un imán soy atraído a hacer morada en ellas. A las almas puras con gusto les presto mi boca para hacerlas hablar con mi misma lengua, así que no se fatigan para convertir a las almas; en dichas almas Yo me complazco no sólo de continuar en ellas mi Pasión, y así continuar aun la Redención, sino lo que es más, me complazco sumamente de glorificar en ellas mis mismas virtudes.”

Luisa Piccarreta Volumen 02 128/9